16 de marzo de 2013. Inglaterra.
Como cada mañana, me levanté temprano para hacer las labores de la casa. Era una chica independiente desde los 15 años. Me había tocado madurar demasiado pronto. Vivía sola, por tanto yo me tenía que encargar de limpiar la casa, salir a comprar y hacer la comida. Esa era mi rutina. Excepto los sábados por la noche que trabajaba como camarera en un bar. No ganaba mucho, pero al menos eso me servía para vivir.
Mientras limpiaba el mueble del salón sonó el teléfono fijo. Normalmente, a estas horas de la mañana no llamaba nadie, por lo tanto me sorprendió. Además, no esperaba la llamada de nadie.
- ¿Si?
- ¿Alexandra? Que bien que te pillo, pensé que dormirías..
- Ya ves que no. ¿Qué quieres Edward?
Edward era mi tío. El único de la familia que se preocupaba por mi. El único que sabía mi historia, pero no por que se la haya contado yo, sino porque es el hermano de mi padre, y por cojones se tuvo que enterar de todo. Él sabía lo mucho que odiaba a mi padre, siesque se le puede llamar así..
- Tengo buenas noticias para ti.
- ¿Ah si? Pues si que es novedad, si.
- He conseguido un billete para el Olympic.
- Espera.. ¿El Olympic? ¿El recién terminado transatlántico?
- El mismo.
- Muy bien y.. ¿Cómo has conseguido ese billete? No es por ofender, pero tienen unos precios altísimos y tú no te lo puedes permitir.
- Lo gané en una partida de poker. Llámalo suerte.
- Sin duda es suerte. ¿Y esa es la buena noticia? Disfruta de tu suerte, te la has ganado.
- No no Alexandra, creo que no me he explicado bien. El billete lo he ganado para ti.
- ¿Qué? ¿Y por qué harías eso?
- Porque te lo mereces. Te lo mereces más que yo. Necesitas darle un giro a tu vida, y ese viaje puede hacer que lo consigas.
- Ya pero, yo no puedo aceptar eso. Has sido tú el que lo ha ganado..
- Alexandra, el billete es tuyo y punto. Y tengo que decirte que zarpa dentro de tres horas.
- ¿Tres horas? Ni siquiera tengo el billete aquí. No sé si llegaré Edward.
- No te preocupes por eso. En media hora estoy en tu casa con él. Ahora encárgate de hacer el equipaje.
- Edward.. Gracias. Esto que has hecho por mi es genial. No sé como podré devolverte el favor..
- No me lo tienes que devolver. Yo solo quiero que intentes ser feliz. Y cuelga ya, que al final no llegas.
- Claro. Hasta ahora.
- Hasta ahora.
No podía creer lo que acababa de pasar. ¿Estaba soñando? No. Esto era real como la vida misma. Lo que más me sorprendía es que mi tío haya hecho esto por mi. Realmente él se preocupaba por mi, y yo, no sabía como, pero tendría que devolverle este gran favor de algún modo aunque él se negase.
Fui a mi habitación y bajé las maletas de la parte superior del armario. Tenían hasta polvo de no haberlas usado nunca. Jamás había viajado, "mis padres" no me habían dado ese gustazo.
Empecé a meter ropa de invierno y algo de verano, por si acaso. No tenía ni idea de cuanto iba a durar el viaje, ni cual era su destino.
Cuando ya estaban llenas tres maletas, decidí que era suficiente. Ni siquiera tenía claro que fuese a usar tanta ropa. Después de eso fui al baño con el neceser y metí lo necesario para poder asearme. Aunque esto probablemente no me haría falta. El Olympic tendría todo lo que necesitaba e incluso más.
Media hora después, llegó mi tío.
- Buenas. ¿Has empezado con las maletas?
- Si. De hecho, ya lo tengo todo preparado.
- ¿Todo? Joder, si eres rápida.
- Para lo que quiero si. ¿No se te habrá olvidado a ti el billete, verdad?
- Es lo único con lo que he venido. Toma - dijo sacando el billete de su cartera.
- ¿Southampton? ¡Eso está a una hora de aquí!
- Tranquila, tienes un taxi esperándote en la puerta ya. No vas a llegar tarde. Quizá un poco justa si, pero llegarás.
- Edward, de verdad, gracias otra vez. No voy a olvidar nunca lo que has hecho por mi.
- Disfruta de ese viaje ¿Quieres? Y ahora dejémonos de sentimentalismos.. Coge tus maletas y vámonos.
Fui a mi habitación, cogí las maletas con dificultad, puesto que pesaban y yo no tenía tres manos. Al verme mi tío, me ayudó a bajarlas hasta la puerta. Como bien me ha había dicho, el taxi esperaba por mi.
Me despedí de Edward con un abrazo. Yo no era para nada cariñosa, pero la situación lo merecía. Se había portado muy bien conmigo.
Después de eso, subí al taxi, rumbo a Southampton.
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