A eso de las 14.25 el taxi por fin llegó a su destino. Eso si, me dejó en una parada para taxis, ya que no podría entrar hasta el puerto de Southampton. El conductor me ayudó a sacar las maletas del maletero y volvió a disculparse por haber tardado tanto en llegar. Yo simplemente le pagué rápido, agarré las maletas como pude y casi que salí corriendo hasta el puerto. El barco zarpaba a las 15.00 y solo quedaban 35 minutos aproximadamente.
La ciudad estaba plagada de gente, era imposible caminar con facilidad y a medida que me iba acercando al puerto, era mucho peor. Muchas familias estaban allí para despedirse de su gente. Se podía ver a niños pequeños llorando por tener que separarse de sus queridos padres. Incluso a gente mayor, con alguna lagrima. Tampoco es que esto fuese el fin del mundo. Dentro de un tiempo les volverían a ver, no creo que fuese necesario tanto drama. Aunque claro, mi forma de ver las cosas, no coincidía con la del resto. Eso me hacía especial supongo.
Faltaban como quince minutos para que fuesen las 15.00 y ya estaba entre la multitud de la gente. Había cuatro pasarelas para subir a bordo. Yo fui a la que menos gente había para esperar, con tan mala suerte de que en el camino alguien se tropezó con mis maletas y por poco me hace caer a mi también. Estaba detrás de mi y no pude verle bien la cara.
- ¿No puedes mirar por dónde vas o qué? - dije.
- Bueno bueno chica, perdona eh. Encima de que por poco me lesiono, me echas la bronca - dijo una voz masculina
Por su voz tenía pinta de ser un crío de 18 años y no me equivoqué en absoluto, me giré y le vi agarrándose el tobillo, como si por arte de magia se le fuese a salir de su sitio. ¿Por qué era tan exagerado?
- ¿Eres un pelin exagerado, no crees?
- Me he hecho daño de verdad, si no me crees es tu problema - dijo irritado.
- Mira, llevo bastante prisa como para estar aquí parada hablando contigo. Asique si me disculpas..
- No eres la única de por aquí que lleva prisa eh.
Pero preferí no contestarle más. No me apetecía discutir con un niñato como él.
La fila poco a poco iba avanzando, quedaba un poco menos de diez minutos. Estaba nerviosa y no sabía por qué. Y esos nervios aumentaron cuando la señora que tenía delante, de unos 75 años más o menos, no paraba de discutir con el chico que se encargaba de picar los billetes al final de la pasarela. Por lo visto, ella no quería que su perrito tuviera que estar en la perrera durante la estancia en el barco. No entendía que a los camarotes no se podía entrar con animales. No paraba de insistir e insistir, pero finalmente la mujer cedió dedicándole una última mirada asesina al pobre chico, que posiblemente también odiaba tener que estar allí aguantando a gente como ella.
- Disculpe señorita.. ¿Me deja su billete por favor? - dijo intentando sonreir.
- Tome. Ha tenido mucha paciencia con esa mujer, yo ya la habría mandado bien lejos..
- Es mi trabajo, tengo que aguantar. Por suerte ya no me queda mucho. Aquí tiene, ya puede pasar - dijo después de haberme picado el billete.
Di un saltito con mis maletas y cuando por fin estuve dentro, un olor a nuevo y recién pintado me invadió por completo. Era todo enorme, y eso que esto solo era una parte del barco.
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