Empecé a buscarlos por todo el hall, por los pasillos. Hasta que después de media hora, sin exagerar, encontré a uno.
- Perdone, llevo más de media hora buscando a alguien que me pueda ayudar a llegar a mi camarote.
- ¿Como dice? ¿No le informó el chico que le picó el billete?
- Si lo hubiese hecho, no estaría aquí con usted ¿No cree?
Pensé en el pobre hombre de la pasarela. Quizá se le pasó decirme por donde ir a mi camarote. Y seguro que fue por la mujer del perrito, que le puso de los nervios.
- Lo siento mucho señorita. Tendremos que llamar la atención a los encargados de eso..
- No. Osea, quiero decir que no hace falta. Quizá tuvo un flash y se le pasó - le defendí.
- Una cosa así no se puede pasar. Pero si me permite, déjeme su billete, yo le diré por donde ir.
- Gracias - dije entregándoselo.
Lo miró y me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Subimos por un ascensor hasta la tercera planta y después de atravesar un pasillo que parecía no tener fin, llegamos a mi camarote.
- Este es. Espero que disfrute su estancia en el barco y una vez más, perdón por haberla hecho esperar tanto.
- Gracias y no se preocupe, ya está olvidado.
Después de eso, abrí la puerta y me encontré con un espacio no muy amplio la verdad, pero lo suficiente como para no chocarte con nada. No sabía si el barco estaba dividido en dos. Si había una zona de "ricos" y otra de gente como yo. Pero si era así, estoy segura de que esta no era la parte de la gente adinerada. Quizá ellos tendrían un camarote enorme.
Pero bueno, eso no me importó en absoluto. Abrí el armario para ver lo grande que era y si me cabría toda la ropa ahí. Empecé a sacar todo de las maletas y mientras estaba en ello, tocaron a la puerta.
Abrí y me llevé una sorpresa. No podía ser cierto. Era el chico con el que me tropecé en el puerto.
- ¿Qué haces tú aquí?
- Este es mi camarote..
- No perdona, es el mío. Has debido de confundirte o te han guiado mal.
- ¿Es este el camarote 237? ¿Estamos en la tercera planta?
- Si.
- Pues entonces es también mi camarote. Lo siento mucho.
Pasó por la puerta casi arrasando conmigo y con una sonrisa de oreja a oreja, solo para joderme a mi.
- ¡Pero si solo hay una cama! No pienses que voy a dormir contigo eh - dije.
- ¿Una cama? Hay dos. ¿Ves esa puerta? ¿O no te has molestado en abrirla?
La verdad es que hasta ese momento no me había dado cuenta de que había una puerta ahí. ¿Sería esa otra habitación? Normalmente, en las habitaciones dobles las camas estaban en el mismo espacio. Pero claro, estábamos en el Olympic, aquí todo era diferente y moderno.
- Igualmente no me hace la más mínima gracia compartir camarote contigo. Esque joder, con lo grande que es el barco has tenido que ir a parar al mismo sitio que yo.
- El destino ha querido que estemos juntos.
¿Se estaba chuleando de mi? Dios santo, solo llevaba unos minutos con él y ya quería matarle. ¿Qué pasaría cuando llevásemos semanas?
- ¿Qué destino ni que nada? Esto es un castigo.
- Ay chica, no sé por qué me odias tanto. ¿Es por nuestro encuentro en el puerto? Yo por mi ya lo he olvidado, no creo que sea para tanto..
- No me llames chica. Soy mayor que tú, asique me respetas.
- ¿Perdona? Jaja, ¿Acaso sabes tu mi edad? ¿Cuantos me echas?
- No más de 18.
- Pues te equivocas "chica". Tengo 20. ¿Y tú? Dejame adivinar.. ¿60? Jaja, pareces la típica anciana borde, con manías insoportables.
- ¿Te crees muy gracioso tú no?
- Me lo dicen a menudo.
- ¿Tus amigos te aguantan?
- Si, no todos son como tú. Tienen sentido del humor y esas cosas..
- Ay ya, callate. Me vas a poner la cabeza como un bombo.
- Aún no me has dicho tu edad..
- Tengo 21. ¿Ya eres feliz?
- Si.
- Pues muy bien. Ahora fuera de mi espacio. Enciérrate en tu habitación y no salgas hasta mañana. O mejor, no salgas nunca.
- Me temo que no podré complacerte.
No podía más. ¿Y si pongo una queja? ¿Y si pido que me saquen a este personaje de mi habitación? No me iban a dar ese gusto, lo tenía muy claro.
- Vale vale, ya me voy. Empiezas a echar humo por la cabeza y eso no puede ser bueno.
Le fulminé con la mirada y él levantó los brazos como queriendo pedir perdón. Se metió en su habitación y sentí un gran alivio. Alivio que no iba a durar mucho, claro está.
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