sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo cuatro. Olympic T1.

Después de haber metido toda mi ropa y calzado en el armario y haberme relajado lo suficiente, opté por llamar a Edward antes de que me quedase sin cobertura. Marqué su número dos veces. No hubo respuesta y fue a la tercera cuando lo cogió.

- Ey Alex.
- Hola Edward. He decidido llamarte antes de que estemos en mitad de la nada y no haya cobertura..
- Bonito detalle. ¿Qué tal todo? ¿Llegaste a tiempo?
- Sufrí bastante en el taxi, había mucho atasco. Pero llegué a Southampton cuando quedaba media hora para que zarpásemos..
- ¿Te costó mucho encontrar el puerto?
- Que va, estaba todo lleno de gente. Era imposible no saber el camino.
- Me alegro. ¿Y el Olympic como es por dentro? Ahí seguro que si te perderías..
- Oh, ya lo creo que si. Se suponía que el que me picó el billete tendría que haberme indicado el camino hasta mi habitación, pero tuvo un despiste y se le pasó. Me pasé un buen rato buscando a alguien para que me ayudase a llegar..
- ¿En serio? Pensé que el barco estaría lleno de guías. Es un fallo..
- Eso pensé yo también. En fin, el camarote no es que sea gran cosa, pero no es eso lo que me molesta..
- No te entiendo..
- Resulta que me ha tocado un camarote doble y me toca compartirlo con un imbécil.
- Jajaja.
- ¡No te rías! Dios, si le vieras.. Te juro que no le aguanto y eso que solo acabamos de empezar.
- Lo siento Alexandra, pero como comprenderás, en una partida de poker, no te iban a dar a elegir entre un billete u otro..
- Ya ya, lo sé. Bueno.. Supongo que terminaré acostumbrándome a él.
- No te va a quedar otra. Quien sabe, quizá acabéis juntos..
- No me hagas reír Edward, ni loca saldría yo con él.
- Ay nena, nunca digas nunca..
- No empieces con eso eh.
- Esta bien. Oye.. Me gustaría seguir hablando contigo, pero te tengo que dejar, me están quemando el timbre de la puerta para que abra..
- Vale. Cuídate.
- Tú también y disfruta anda.

A los cinco segundos de colgar, salió mi 'gran amigo y compañero de camarote' de su habitación. Se me quedó mirando con los brazos cruzados, en los cuales llevaba su neceser colgando de la muñeca.

- ¿Se puede saber qué miras? - dije.
- A ti.
- No, eso ya lo veo idiota. ¿Por qué me miras?
- El chico del que hablabas por teléfono.. ¿Era yo?
- Uno, ¿No te han enseñado que no hay que escuchar conversaciones ajenas? Y dos, ¿Te crees el ombligo del mundo?
- Uno, tu voz, para mi desgracia, es muy fuerte, se te oye aunque no quieras. Y dos, no no me creo ombligo del mundo.
- No hablaba de ti y ahora pírate.
- Espera, creo que tendré que recordarte.. "resulta que me ha tocado un camarote doble y me toca compartirlo con un imbécil". Asumo que ese imbécil soy yo, a no ser que tengas un amigo invisible.
- A ti te haría falta un amigo invisible, creeme. Dejarías de tocarme los cojones.
- ¿Acaso tienes cojones?
- ¿Acaso quieres que te de una hostia?
- Dámela, vamos..

Hacía aspavientos con las manos y de verdad que me estaban dando ganas de levantarme de la cama y darle una buena hostia.

- No te atreves. No, no es que no te atrevas.. Esque eso no es digno de una señorita.
- No puedo contigo.
- Ya podrás, ya..
- ¿Qué quieres decir?
- Nada. Y ahora si me disculpas tengo que entrar al baño.
- ¡¿No hay uno en tu habitación?!
- ¡No! - dijo con la misma desesperación que yo, pero sabía que lo hacía para reirse de mi.
- Lo que me faltaba ya..
- ¿Has probado a relajarte? Estás muy, pero que muy tensa.. 
- Tú me pones así.
- ¿Yo te pongo?
- Se acabó - dije levantándome de la cama.
- ¿Dónde vas?
- A perderme, quizá tenga suerte, lo consiga y no tenga que verte la cara durante horas.

Salí del camarote dando un portazo. Todos los que pasaban por ahí en ese momento se me quedaron mirando. Claro, seguro que a ellos no les había tocado un chico jodidamente irritable con el que compartir un mismo espacio.

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