sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo cinco. Olympic T1.

Sin darme cuenta había perdido la noción del tiempo. Se me habían pasado las horas volando y me di cuenta de ello cuando salí a la cubierta y vi que empezaba a anochecer. Hacía un frío que pelaba, aunque eso era algo normal teniendo en cuenta que estábamos en marzo. 

Me apoyé en una de las barandillas del barco y me quedé observando el agua. Tenía un azul oscuro muy intenso, por el color se podía adivinar que estaba a varios grados bajo cero. En ese momento me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. El aire estaba congelado y pronto me arrepentí de haber salido.

Aparté la mirada del mar y la dirigí hacia mi derecha. Allí había una serie de bancos y en ellos gente sentada. ¿Acaso eran inmunes al frío? Parecía no afectarles en absoluto el aire. Y mientras pensaba en ello, vi como uno de los chicos de ahí, me estaba mirando. No era una mirada normal. Era como si lo único que hubiese en el barco fuese yo, como si hubiese visto un ángel. Intentaba decirme algo con la mirada, pero no supe descifrarlo. Miré para otro lado durante unos diez segundos, puesto que empezaba a ponerme nerviosa, y volví a mirarle. Esta vez el chico que estaba a su lado, pasaba su mano por la cara de él, como si quisiese hacerle reaccionar. Y lo consiguió. Ahora miraba hacia el suelo y su acompañante le decía algo riendo, pero él no parecía contestar. Era una situación muy extraña. ¿Acaso me conocía de algo? ¿Había hecho algo para que me mirase de ese modo tan.. Intenso? No me daba miedo su mirada, era solo que.. Nunca me habían mirado así. Y en cierto modo me gustó. 

En ese momento sonó una melodía y a continuación una voz femenina hablando por un megáfono. Esta anunciaba que en cinco minutos era la hora de la cena. Y yo aproveché eso, para salir de allí.

No fue difícil encontrar el gran comedor, puesto que todo el mundo se dirigía hacia allí. La sala estaba compuesta de un montón de mesas redondas, en las cuales ya estaban todos los cubiertos necesarios para cenar. En uno de los laterales había grandes ventanales con vistas al mar, y en el otro lado la escalera de acceso al comedor. 

Yo me senté en la primera mesa que vi libre y a medida que pasaba el tiempo, los otros cinco asientos restantes se fueron ocupando. 

Enseguida apareció una especie de camarero ofreciéndonos el menú. Lo miré con atención, y nada de lo que había ahí escrito lo había probado en mi vida. La comida tenía nombres muy raros. La mujer que estaba a mi lado me miró y dijo:

- ¿Qué? ¿Nunca has probado esto, verdad?
- La verdad es que no.. Ni siquiera se que pedir y si me va a gustar..
- No te preocupes cielo. Si lo deseas, puedes pedir cualquier cosa que no esté en el menú. Hay más variedad.. Por cierto, soy Rose.
- Alexandra, un placer. Y si, creo que pediré una simple ensalada. Tampoco tengo mucho hambre.
- Perfecto. Oye.. ¿Y tu acompañante?
- ¿Mi acompañante? Ah, no.. Yo estoy sola.
- ¿Sola? ¿Cuantos años tienes?
- 21. Aunque bueno, si le sirve.. Comparto habitación con un chico de mi edad más o menos.
- ¿Y como es que no estás con él ahora?
- Digamos que no nos llevamos muy bien..
- Vaya.. Bueno, si quieres puedes acompañarme a mi en las comidas. 
- Yo no quiero molestarla señora..
- No me molestas. Algún día te presentaré a mi hijo. Seguro que os lleváis muy bien.
- Seguro.

Yo estaba acostumbrada a comer sola, y que una mujer como ella, que no paraba de hablar, me acompañase, me ponía muy nerviosa. A mi me gustaba la tranquilidad, pero supongo que tendría que empezar a hacer "amigos", si no quería que el viaje fuese un completo aburrimiento.

Cuando terminé de cenar, miré el gran reloj que había en el centro de la sala. Marcaban las 22.20 de la noche. Asique me levanté de mi asiento, no sin antes despedirme de Rose y me dirigí a mi camarote. 

Al entrar vi que la puerta del baño estaba cerrada. ¿Este chico se había pasado la tarde en el baño o qué? Cuando me fui, estaba a punto de entrar. Preferí no pensar en eso. Cogí mi pijama, me lo puse y después me metí en la cama. Agradecí que el camarote tuviese calefacción. 

Después de quince minutos, una luz procedente del baño alumbró toda mi habitación. No me apetecía darme la vuelta, quería hacerme la dormida para que no me dijese nada, pero no sirvió.

- ¿No ibas a perderte? ¿Qué haces aquí ya?
- La gente duerme, y es lo que intentaba hacer yo antes de que me molestases. 

Me giré y ahí le vi. Tenía una toalla negra atada a su cintura, mientras que el agua corría aun por su pelo y su cuerpo. No podía negarlo, el chico estaba muy bien. Tenía el torso muy marcado, en especial la V que caracterizaba a los hombres. Vale, si. Era muy sexy y si no hablase lo sería aun más.

- ¿Te gusta lo que ves?

Él no era tonto y sabía que le había hecho un buen análisis a su cuerpo. Por primera vez no supe que responderle.

- Quiero dormir. Asique por favor, si eres tan amable, apaga la luz del baño y desaparece.
- Como deseé la señorita. Por cierto, aun no sé tu nombre.
- ¿Te interesa mucho?
- Hombre, si vamos a ser compañeros de camarote, lo mínimo es saber tu nombre, ¿No crees?
- Alexandra. ¿Y tú?
- William Tomlinson.
- Vale, ya está. ¿Ya me vas a dejar dormir?
- Si. Espero que mañana te levantes con mejor humor..

Y con eso, se metió en su habitación. Después de media hora y de darle vueltas a la cabeza y pensar en el chico de la cubierta, conseguí dormirme. Mañana sería otro día.

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