Una hora más tarde, el pesado de William se había empeñado en acompañarme a desayunar. Yo me había negado, por supuesto, pero no sirvió de nada. Se aprovechó de mi estado físico, decía que podría volver a marearme en cualquier momento y entonces él estaría ahí para ayudarme. Que bien oye, mi ayudante personal.
Cuando llegamos al comedor ya estaba todo lleno, asique decidimos ir a una especie de cafetería que había al lado. Ahí estaba todo más tranquilo.
- ¿Qué vas a tomar? - preguntó William.
- Un café con leche.
- ¿Sólo eso?
- Si, solo eso. Es lo que desayuno siempre. ¿Tan raro es?
- No no es raro, pero deberías acompañarlo de algún bollo o algo.. Esta mañana debiste de sacar todo lo que tenías en tu cuerpo.
- Resulta muy agradable que me recuerdes eso, ¿Sabes? - ironicé.
Rió.
- Perdona. ¿Entonces solo un café con leche?
- Que si y deja de preocuparte tanto por mi, se cuidarme sola.
- Pensé que hoy te levantarías de mejor humor, pero ya veo que no.. En fin, ahora vuelvo con tu café.
- Gracias.
Por esto mismo no quería que me acompañase a desayunar. Casi que prefería a la señora Rose. Ella hablaba de sus cosas y yo pocas veces tenía que participar en la conversación.
Mientras esperaba a William sentada en una mesa, vi pasar por la cristalera al chico de la cubierta de anoche. Esta vez iba solo y al principio no se le veía con intención de entrar. Pero finalmente entró. No sé si lo hizo por que me vio a mi. 'Alexandra olvídalo, no eres el centro del universo' pensé.
Justo cuando él entraba, William se plantó delante mía con el desayuno, tapándome las vistas.
- ¿Qué mirabas?
- Nada..
- Algo mirabas, y se te veía muy interesada en ello..
- Siéntate ya a desayunar y cállate un rato, por favor.
- ¿Por favor? Eso es nuevo..
- ¿No quieres que sea amable? Es justo lo que intento hacer, asique no me hagas cambiar de opinión.
- Vale vale. Aquí tienes tu café - dijo dejándolo en mi lado.
Volví a levantar la vista para ver si encontraba al chico y así fue. Estaba sentado en la barra, de espaldas a mi. Iba muy bien vestido, demasiado bien. Estaba claro que el dinero no le faltaba, más bien le sobraba. Por un momento me dieron ganas de levantarme y hablarle. Algo raro en mi. Yo no me solía relacionar con los chicos, no después de lo que pasó con mi padre hace unos años.
Rápidamente me quité ese pensamiento de la cabeza. Además William también me interrumpió. Otra vez.
- Empiezo a sentir celos Alexandra. A mi no me miras así.. - bromeó. O al menos eso fue lo que pensé yo.
- Porque tú eres diferente. Tú desde el segundo uno ya me sacaste de quicio.. Eres muy niño.
- No soy tan niño. Te lo aseguro.
- ¿Ves? Si que lo eres, esa respuesta es muy típica.
- ¿Y tú qué eres? ¿Una niña? ¿Una adolescente? ¿Una anciana? Porque no termino de pillarte el punto - ladró.
- No quiero discutir contigo William. No tendrías que haber venido a desayunar conmigo.
- Ya lo creo que no. Se me quitan las ganas de ir contigo a cualquier lado.
- Perfecto.
- Pues perfecto.
Se levantó de su silla muy cabreado y salió disparado de la cafetería. Probablemente me había pasado con él. Lo único que él hacía era intentar llevarse bien conmigo y yo le trataba mal siempre. De golpe me sentí mal por eso y me dieron ganas de ir detrás de él. Pero mi orgullo era muy grande.
Terminé de desayunar y me acerqué a la barra a pedir un vaso de agua. Pero no era esa la razón exacta por la que fui hasta allí. Era más bien porque me apetecía verle la cara al chico de la cubierta. Solo eso, verle.
- Un vaso de agua, por favor.
- Enseguida - dijo el camarero.
El chico no levantó la mirada de su zumo. Sabía de sobra que yo estaba ahí, ya que estaba muy pegada a él, pero aún así, no se inmutó lo más mínimo. Y eso me dio rabia. Intenté llamar la atención. No sabía por qué extraña razón, pero necesitaba que me mirase como lo hizo anoche en la cubierta.
Me bebí el vaso de agua muy despacio, pero nada. Asique me rendí y me fui de allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario