Hoy no me apetecía comer con el resto de la gente, por lo tanto pedí que me trajesen la comida al camarote. Y al rato de empezar a comer, entró William en mi habitación. No le había visto desde el desayuno, quizá también fue a dar un paseo y relajarse. Le miré y él me devolvió la mirada, pero enseguida la apartó. Ya no se le veía enfadado, sino más bien triste. Me sentía en la obligación de decirle algo.
- Siento mucho lo de esta mañana William..
- No te preocupes por eso ya.
- Si si me preocupo, porque no te veo bien.
- ¿Desde cuando haces eso?
- ¿El qué?
- Preocuparte por mi. Pensé que para ti era un niñato de mierda insoportable al que odiabas.
- Quizá haya cambiado de opinión.
- Me alegra oír eso.
Pero sabía que él seguía mal. Se le notaba mucho y ya no sabía que decirle. No sabía como reaccionar ante un caso así, yo no soy para nada cariñosa.
- ¿No me vas a perdonar nunca? Prometo que a partir de ahora intentaré llevarme bien contigo - sonreí.
- ¿Cómo te sentiste cuando te deje esta mañana en la cafetería?
- Mal. Quise ir detrás de ti y disculparme..
- ¿Por qué no lo hiciste?
- Digamos que soy muy orgullosa. Pero.. ¿Más vale tarde que nunca, no?
- Si..
- Entonces.. ¿Me perdonas?
Hizo un gesto con la mano como si se lo estuviese pensando para finalmente sonreír y decir:
- Te perdono. La verdad es que te he echado de menos durante la mañana..
- ¿En serio? ¿Qué hiciste?
- Estuve paseando por la cubierta
- Yo también hice lo mismo y.. También te eché de menos.
No sabía ni como había dicho eso. A él se le iluminaron los ojos. Hasta ahora no me había fijado en ellos, eran realmente preciosos. Si los mirabas mucho, corrías el riesgo de perderte.
- Voy a ir a comer, me empiezan a sonar las tripas. ¿Puedes oírlo?
- ¿Por qué no te quedas a comer aquí conmigo? Me han traído mucha comida y yo no voy a poder con todo..
- ¿Y pasar tiempo contigo? No sé eh, quiza diga algo que no te guste y te enfades otra vez.. - bromeó.
- Creo que podré soportarlo. Va, siéntate. Está todo muy bueno.
- Si tantas ganas tienes de que me quede, lo haré.
Se sentó enfrente mía en la cama, provocando que la bandeja de comida se volcase un poco. Lo suficiente como para tirar mi vaso de agua.
- Perdón perdón perdón.. Enseguida te lo limpio - dijo nervioso.
No pude evitar reir.
- No pasa nada William, es agua.. Se seca solo.
- Me gusta tu nuevo tú.. Aunque creo que echaré de menos tu mal genio.
- Nadie ha dicho que no vuelva a sacar mi mal genio..
- Hazlo. Quiero decir, esque yo no quiero que cambies por mi..
- No voy a cambiar. Todo el mundo tiene su lado borde y su lado menos borde, ¿No? Pues eso.. Tampoco yo quiero que dejes de irritarme.. Eso si, sin pasarte eh.
Se me quedó mirando a los ojos durante un largo minuto. Y yo no pude apartarle la mirada. Quizá ya me había perdido en la suya.
- Tienes unos ojos preciosos..
- Lo sé.
- Eres un creído.
- Tengo razones para creermelo, ¿No crees? - rió.
Cogí el cojín de la cama y le di en la cara jugando. Él me devolvió el ataque tirándome gran parte de la jarra de agua. Abrí la boca intentando hacerme la sorprendida y a continuación, en broma, me crucé de brazos y le miré seriamente.
- ¿Qué? - dijo aun sin parar de reir.
- Me has empapado de agua..
- No pasa nada Alexandra, es agua.. Se seca solo - dijo repitiendo lo que yo le había dicho hacía unos minutos.
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