Después de salir a las 20.00 de la ducha, William aún seguía en mi habitación. Lo que me sorprendió es que se vistió como si fuese a ir a una fiesta. Estaba muy guapo.
- ¿Qué haces así vestido?
- ¿No te gusta? - dijo angustiado.
- Si, si me gusta. Lo que no entiendo es por qué te has vestido así.. ¿Vas a algún lado?
- Ese es el plan, y quiero que tú me acompañes.
- ¿Yo? ¿Pero, a dónde?
- A una fiesta. En la zona baja del barco hay una discoteca enorme..
- No creo que sea buena idea..
No lo era en absoluto. Aparte de que yo controlaba muy poco cuando bebía, el hecho de ir a una discoteca me recordaba a mi pasado. Y eso era algo que intentaba olvidar a toda costa. No podía ir.
- ¿Por qué? Vamos a estar juntos, lo pasaremos bien Alex.. - casi suplicó.
- Es posible que lo pasáramos bien, pero de verdad, no me apetece ir..
- Dame una razón de peso. Sabes que hasta que no consiga un sí, no voy a parar.
- No controlo cuando bebo.. Es beber dos copas y estar fatal..
- Eso no es una razón de peso. A mucha gente le pasa eso.
- William, que no..
- Por favor. No me apetece ir solo.. - puso morritos para intentar darme pena.
- ¿Hasta que hora vamos a estar?
- No sé, hasta que nos cansemos supongo, ¿No?
- ¿Me prometes que cuando te diga que me quiero ir, nos iremos?
- Te lo prometo. Entonces.. ¿Eso es un sí? - sonrió.
- Sí, es un sí. Pesado.
- Guay, pues cámbiate. Te espero fuera, ¿Vale?
- Vale..
Antes de salir corriendo, me dio un beso en la cara. Eso me descolocó y durante unos breves segundos no supe reaccionar.
Cuando por fin lo conseguí me dirigí al armario y me puse a buscar ropa en condiciones. Opté por unos pitillos negros y una camisa de manga larga blanca. Acompañado de unos tacones no demasiado altos. Con respecto al pelo, me lo dejé suelto pero completamente liso. Como a mi me gustaba. ¿Maquillaje? Lo justo, un poco de base y la raya del ojo. En los labios no me gustaba hacerme nada.
Después de media hora estuve lista. Cogí mi bolso, me miré una última vez en el espejo y salí del camarote. William estaba sentado en el suelo, mirando lo interminable que era el pasillo donde estábamos.
- ¿Ya estás cansado? - bromeé.
Dirigió su mirada hacia mi. Mirándome de abajo a arriba. Y mientras que lo hacía se le ponía cara de idiota.
- Joder Alex, estás muy guapa..
- No es para tanto.
- Si lo es.
- Esque tú estás acostumbrado a verme o en pijama o con ropa de andar por casa y claro..
- Pues será eso.
- Tú también estás muy guapo.
- No es para tanto.. - rió.
Estaba cogiendo por costumbre repetir todo lo que yo decía. Y lo hacía porque sabía que a mi me hacía sonreír. Poco a poco iba conociéndome..
- ¿Qué tal si nos vamos ya? - dije.
- Vámonos.
Después de atravesar el gran pasillo, subimos a un ascensor que nos llevó directos a la zona baja del barco. No fue muy difícil encontrar la discoteca.
A diferencia de las de mi ciudad, en esta la música no estaba a todo volumen, se podía hablar con la gente tranquilamente sin tener que gritar cada dos por tres. A parte de eso, lo que más me llamó la atención fue la decoración. Y esque no me terminaba de acostumbrar al Olympic y a su gran belleza y estilo.
La gente bailaba al son de una canción que no reconocí, pero que tenía bastante ritmo.
- ¿Qué quieres hacer? ¿Pedimos algo y bailamos? ¿O eres de las que prefiere sentarse y ver como los demás hacen el ridículo bailando?
- Normalmente acabo sentada porque no puedo con el pedo que llevo, pero hemos prometido que estaríamos juntos y tú tienes pinta de ser el típico que no para de bailar en toda la noche. ¿O me equivoco?
- No te equivocas. Y la verdad, se me da bastante bien..
- Oh. Tan creído como siempre. Seguro que te has ligado a más de una con tus bailes..
- ¿Quieres comprobarlo? - dijo moviéndose muy sensualmente.
- No. Al menos no de momento. Quiero pedir algo primero, ¿Me acompañas?
- Claro.
Atravesamos como pudimos la pista de baile y llegamos a la barra. Los chicos que había en ella no tardaron en clavar su mirada en mi. Se les veía muy bien sus intenciones y eso casi me hizo vomitar.
- ¿Estás bien Alex?
- Si. Pidamos algo rápido por favor..
- ¿Qué quieres?
- Un cubata.
- Dos cubatas por favor - le dijo William a la camarera.
Después de servirnos, nos alejamos de la barra. Pusimos nuestras copas en un mesa alta y William fue el primero en animarse a bailar. Yo, después de darle unos cuantos tragos al cubata, me junté con él.
Seguía sonando música que jamás había oído, pero no me desagradaba para nada. Mientras que no pusiesen una lenta..
Cuando eran las once y pico largas de la noche, yo ya había bebido más de la cuenta y empezaba a no ser consciente de mis actos. Por suerte tuve a William conmigo toda la noche, hasta que en un descuido me dejó sola.
Estaba bailando cuando alguien me agarró por atrás y me susurró algo al oído que no entendí. Me giré y vi a un chico de unos 25 años. Estaba borracho, mucho más que yo. No dejaba de tocarme, rozando muchas veces mi trasero.
- ¿Te estás divirtiendo? - dijo.
- Si..
- ¿Quieres divertirte más?
- No creo que eso sea posible, además, estoy con un amigo.
- Pero seguro que a tu amigo no le importa que te vengas conmigo un rato..
- Creo que si le importará..
No sabía como estaba hablando con él. Debían de ser los efectos del alcohol, que me cegaban.
- Será solo un rato, va.. - dijo.
Y cogió mi mano y me llevó a una especie de salita que había detrás de los baños. Allí no había nadie. Fue entonces cuando reaccioné, pero posiblemente ya era tarde.
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