sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo once. Olympic T1.

Allá por donde iba, la gente se me quedaba mirando. Como si yo fuese el centro de atención. Entonces pensé en la cara que tenía que tener después de haber llorado. Con el maquillaje corrido. Y ya no hablemos de mi pelo. En fin.

Cuando llegué a mi camarote, las luces estaban apagadas y todo estaba tranquilo. Señal de que William no estaba ahí. No tenía un móvil ni nada para avisarle de que estaba 'a salvo' y tampoco era plan de decírselo a la policía del barco para que me ayudasen. Probablemente ellos ya estaban muy entretenidos buscándome a mi.

A pesar de haberme duchado antes de ir a la maldita discoteca, decidí darme otro baño para relajarme e intentar que la borrachera se me fuera un poco. Estuve como veinte minutos metida en el agua haciendo tiempo para ver si William llegaba, pero nada. Asique salí, me sequé un poco el pelo y me puse el pijama. Minutos después me metí en la cama y fue cuestión de segundos lo que tardé en dormirme.


Cuando desperté a la mañana siguiente a eso de las 11.30, solo era consciente de una cosa: había soñado con Zayn. Y era exactamente la misma escena que había vivido anoche. Ni en sueños me podía olvidar de él y parecía que mi cabeza tampoco quería hacerlo. Sonreí como una idiota. Y esto ya me empezaba a preocupar.
Sabía que anoche intentaron abusar de mi, sabía que quise suicidarme tirándome por la popa del barco y sin embargo yo estaba ¿Feliz? Esa era la palabra. Y todo gracias a él.

Me levanté de la cama y sin querer tropecé con el pico de la mesilla de noche. Una cosa sin mayor importancia, si no fuese por el hecho de que esta, estaba llena de cosas y todas cayeron al suelo, provocando mucho ruido. Y provocando que William saliese de su habitación. Su cara me dio miedo, mucho miedo. Sabía que me iba a gritar en 3,2,1..

- ¿Me vas a explicar donde narices te metiste anoche Alexandra? - dijo cruzándose de brazos.
- No me grites, ¿Vale? Me duele muchísimo la cabeza.
- Tu dolor de cabeza me da exactamente igual. ¿Sabes lo preocupado que he estado por ti toda la noche? Nadie te vio por ningún sitio, ¿Te tragó la tierra o como va esto?
- William, joder, te he dicho que no me grites. Estoy bien, ¿No me ves?
- ¿No te puedes poner en mi lugar? 
- Escucha. Cuando volví al camarote no estabas y no supe como contactar contigo. ¡Lo siento! - grité.
- Disculpas aceptadas. Pero ahora, al menos dime donde fuiste.
- Me surgió un problema y tuve que irme de allí. Nada más.
- ¿Nada más? ¿Y no pudiste decirme que te ibas? Me hubiese quedado más tranquilo y ahora nos estaríamos ahorrando esto.
- Tú también desapareciste de golpe. No supe donde te metiste..
- Fui a pedir una copa Alex. Era para lo único que me separaba de ti.
- Vale, ya está. Asunto arreglado, tú me perdiste, yo te perdí, pero ahora nos hemos encontrado. Punto.
- Entiende que solo estaba preocupado por ti..

Vi como se iba del camarote. No si ahora encima iba a ser mi culpa. Que si, que tenía parte de razón el chico, pero esque tampoco era mi padre para hablarme así.

- William.. - dije cansada - ¿Dónde vas? ¿Te has enfadado?
- Voy a desayunar.
- ¿A estas horas?
- Si, a estas horas. ¿Quieres venir?

A pesar de ser un cabezón, al final siempre se rendía. Posiblemente yo tenía ese efecto en él.

- Si me das cinco minutos, me visto y voy contigo.
- Vale, espero fuera.

Me puse lo primero que pillé, me hice una coleta y me tomé una pastilla para el dolor de cabeza antes de salir.

Llegamos al gran comedor y por suerte había mesas de sobra. Teniendo en cuenta que el desayuno solía ser más pronto, era algo normal. 

- ¿Qué van a tomar los señoritos? - dijo una camarera.
- Un café bien cargado por favor - dijo William.
- Un donuts.
- Muy bien, enseguida.

Cuando la camarera se fue, William me miró mal. Allá iba otra vez. Ya esque le veía venir de lejos.

- ¿Solo un donuts?

Reí. Reí por no darle un collejón, aunque no estaba enfadada.

- Me tengo que reir, de verdad. ¿Todos los días vas a darme la tabarra con lo que desayuno o dejo de desayunar?
- La verdad es que si, ¿Para que cambiar? - dijo riéndose él también ahora
- Eres insoportable.
- Creeme que eso lo aprendí de ti. Yo antes de subir aquí, no era así.
- Me gusta que aprendas de mi.

Después de mantener una larga charla con él, decidimos irnos cada uno por su lado. Él se fue a la bolera y yo, una vez más, a la cubierta. Se estaba convirtiendo en mi lugar favorito del barco.

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